5ª SEMANA DE ABRIL
LUNES: LA ROCA DEL CAMINO.
¡Buenos días! En
un reino lejano, hubo una vez un rey que colocó una gran roca en medio del
camino principal de entrada al reino, obstaculizando el paso. Luego se escondió
para ver si alguien la retiraba.
Los comerciantes
más adinerados del reino y algunos cortesanos que pasaron simplemente rodearon
la roca. Muchos de ellos se quedaron un rato delante de la roca quejándose, y
culparon al rey de no mantener los caminos despejados, pero ninguno hizo nada
para retirar el obstáculo.
Entonces llegó un
campesino que llevaba una carga de verduras. La dejó en el suelo y estudió la
roca en el camino observándola. Intentó mover la roca empujándola y haciendo palanca
con una rama de madera que encontró a un lado del camino, después de empujar y
fatigarse mucho, finalmente logró apartar la roca. Mientras recogía su carga, encontró una
bolsa, justo en el lugar donde había estado la roca. La bolsa contenía una
buena cantidad de monedas de oro y una nota del rey, indicando que esa era la
recompensa para quien despejara el camino.
El campesino
aprendió lo que los otros nunca aprendieron: cada obstáculo superado es una
oportunidad para mejorar la propia condición.
Reflexión: Esquivar los problemas, buscar
«culpables» o simplemente quejarnos no solucionará nada, y la «roca» seguirá
estando allí. Afrontar los obstáculos, actuar, esforzarse…es lo que nos hará
crecer como persona. Mover las «rocas» seguramente implicará esfuerzo,
sufrimiento, capacidad de análisis, constancia ..y todo ello nos hará más
fuertes y sabios. Superar los obstáculos nos hace mejorar nuestra condición,
crecer, evolucionar. La queja, y el evitar los problemas sin afrontarlos, nos
estanca. ¿Tenéis alguna roca en vuestro camino por mover?
MARTES: EL CABALLITO DE MADERA
¡Buenos días! En
cierta ocasión un padre llevó a su hijo a dar un paseo al bosque, como era
pequeño, su papá lo llevaba sobre sus hombros, al rato lo puso a caminar para
que se ejercitara y le dijo: debes caminar hasta la casa. Al poco rato el Niño
empezó a llorar porque decía que estaba muy cansado y no podía dar "un
paso más". El padre cortó una rama de un arbusto en el bosque, la alisó
con su navaja; y colocó un pequeño cordón en el extremo más grueso y le dijo al
niño: -"Mira Hijo, aquí tienes tu propio caballo para que te lleve a la
casa”.
El Niño emocionado
se animó, montó sobre aquel "caballito de madera" y comenzó a correr
hasta llegar a la casa y aún después de llegar siguió corriendo por el jardín
hasta que tuvo que irse a bañar y acostarse rendido.
Reflexión: Nosotros vamos de paseo por esta vida, en
ocasiones nos sentimos muy cansados y pensamos que no podemos seguir adelante.
Entonces DIOS nos envía a alguien cercano para ofrecernos un "caballito de
madera"… Todos necesitamos palabras y gestos que nos animen y nos alegren
la vida cuando estamos tristes.
MIÉRCOLES: FÁBULA PARA IMPACIENTES.
¡Buenos días! Un
mandarín a punto de asumir su primer puesto oficial, recibió la visita de un
gran amigo que iba a despedirse.
-Sobre todo, sé
paciente, - le recomendó su amigo- y de esa manera no tendrás dificultades en
tus funciones.
El mandarín dijo
que no lo olvidaría y dio gracias por el consejo. Su amigo le repitió tres
veces la misma recomendación, y cada vez el futuro magistrado le prometió
seguir su consejo.
Pero cuando por
cuarta vez le hizo la misma advertencia, estalló y dijo: ¿Crees que soy un
imbécil? ¡Basta! ¡Ya van cuatro veces que me has repetido lo mismo! -Ya ves que
no es fácil ser paciente, -le contestó su amigo con calma-. Lo único que he
hecho es repetir mi consejo dos veces más de lo que es conveniente y ya has
montado en cólera.
Reflexión: nuestra paciencia es una herramienta que
puede abrir nuevos caminos en nuestra vida. ¡Ten paciencia con las personas que
te dan consejos y te los repiten continuamente, porque saben que necesitas
oírlos muchas veces!
JUEVES: EL
PUENTE.
¡Buenos días! Había
una vez dos hermanos, Tomás y Javier. Vivían uno al frente del otro en dos
casas de una hermosa campiña. Por problemas pequeños, que al acumularse sin
resolverse se fueron haciendo grandes con el tiempo, los hermanos dejaron de
hablarse. Incluso evitaban cruzarse en el camino.
Cierto día llegó a
la casa de Tomás un carpintero y le preguntó si tendría trabajo para él. Tomás
le contestó:
—¿Ve usted esa
madera que está cerca de aquel riachuelo? Pues la he cortado ayer. Mi hermano
Javier vive en frente y, a causa de nuestra enemistad, desvió ese arroyo para
separarnos definitivamente. Así que yo no quiero ver más su casa. Le dejo el
encargo de hacerme una cerca muy alta que me evite la vista de la casa de mi
hermano.
Tomás se fue al
pueblo y no regresó sino hasta bien entrada la noche.
Cuál no sería su
sorpresa al llegar a su casa, cuando, en vez de una cerca, encontró que el
carpintero había construido un hermoso puente que unía las dos partes de la
campiña.
Sin poder hablar,
de pronto vio en frente suyo a su hermano, que en ese momento estaba
atravesando el puente con una sonrisa:
— Tomás, hermano
mío, no puedo creer que hayas construido este puente, habiendo sido yo el que
te ofendió. Vengo a pedirte perdón. Los dos hermanos se abrazaron.
Cuando Tomás se
dio cuenta de que el carpintero se alejaba, le dijo:
—Buen hombre,
¿cuánto te debo? ¿Por qué no te quedas?
—No, gracias
—contestó el carpintero—. ¡Tengo muchos puentes que construir!
Reflexión: muchas veces frente a un conflicto entre
dos personas solemos posicionarnos de una u otra parte, nos sentimos incluso coaccionados
para «elegir» de qué parte estamos. ¿Por qué no intentar construir puentes? Este cuento refleja cómo un buen
mediador puede ayudar a construir puentes que ayuden a resolver un conflicto. ¿A quién le tenderías tú un puente?
VIERNES: AUTOEVALUACIÓN
¡Buenos días! Un
joven fue a la farmacia y pidió usar el teléfono. Mientras llamaba, el dueño de
la farmacia escuchaba la conversación. —“Buenos días. ¿Me podría dar empleo?
Puedo cortar el césped de su jardín. Dijo el joven al teléfono. —“Ya tengo a
alguien que me corta el césped. Muchas gracias”. Se escuchó que respondía una
señora del otro lado de la línea. —“Pero yo puedo cortarlo por la mitad de
precio de quien se lo corta ahora”, dijo el joven. —“Gracias por la oferta,
pero estoy realmente satisfecha con el servicio que recibo actualmente.” —“Pero
yo puedo barrer su vereda y hacer que su jardín luzca como el más lindo de todo
el vecindario”, afirmó el joven. —“No. Muchas gracias.” Concluyó la señora.
Sonriendo, el joven colgó el teléfono. Entonces el dueño de la farmacia, que
había escuchado toda la conversación, se acercó. —“Me gusta tu actitud
muchacho. Felicitaciones por tu espíritu positivo. ¿Te gustaría trabajar
aquí?”. —“No. Muchas gracias.” Respondió feliz el joven. El hombre asombrado le
dijo: —“Pero si estabas pidiendo trabajo ahora.” —“No, Señor. Estaba
comprobando mi desempeño en el trabajo que tengo ahora. Yo soy la persona que
trabaja para la señora que acabo de colgar.”
Reflexión: perdemos el tiempo comparándonos con los
demás, cuando lo que necesitamos para crecer como personas es compararnos con
nosotros mismos, hacer una buena autoevaluación.





