2ª SEMANA DE MARZO
LUNES: LEE DENTRO DE TI
¡Buenos días! Nuestra vida es el libro más preciado que nos ha sido entregado, y en ese mismo libro encontramos lo que en vano buscamos por otros caminos. San Agustín entendió esto: ‘Vuelve a ti mismo. En el hombre interior habita la verdad’. Esta es la invitación que quiero hacer a todos y que también me hago a mí mismo. Lee tu vida. Lee dentro de ti, cómo ha sido tu viaje, con serenidad. Vuelve a ti mismo y recuerda que cada uno de nosotros está en el mundo para sentirse amado en su singularidad y para amar a los demás como nadie puede hacerlo por él. Cada uno es único a los ojos de Dios, así que no te dejes ‘homologar’: no estamos hechos en serie, somos únicos, somos libres, y estamos en el mundo para vivir una historia de amor, del amor de Dios, de abrazar con valentía las opciones fuertes que nos presenta la vida, de aventurarse en el maravilloso riesgo de amar.
MARTES: ¡RESALTA TU BELLEZA!
¡Buenos días! ¡Resalta tu belleza!, no la que está de acuerdo con las modas del mundo, sino la real. La belleza de la que hablo no es la que se repliega sobre sí misma, como Narciso que, enamorándose de su propia imagen, acabó ahogándose en el lago donde se reflejaba. Y ni siquiera la que hace las paces con el mal, como Dorian Gray que, una vez terminado el hechizo, se encontró con el rostro desfigurado. Hablo de la belleza que nunca se desvanece porque es un reflejo de la belleza divina: nuestro Dios es inseparablemente bueno, verdadero y hermoso. Y la belleza es una de las vías privilegiadas para llegar a Él. Así que te recomiendo que te mires al espejo de vez en cuando y te rías de ti mismo, porque te hará bien y te hará ver la auténtica belleza interior que cada uno tiene para darla a los demás.
MIÉRCOLES: LAS COSAS NO SE CONOCEN HASTA QUE NO SE
PRUEBAN
¡Buenos días! Érase
una vez un muñeco de sal. Había andado mucho por cálidas tierras y áridos
desiertos. Y un día llegó a la orilla del mar. Nunca lo había visto y sintió
curiosidad.
-¿Quién eres?,
preguntó el muñeco. -Soy el mar, respondió éste. -Pero…¿qué es el mar?, volvió
a insistir el muñeco. -Si quieres saber lo que soy, tócame, le contestó el mar.
Y tímidamente el muñeco de sal tocó el mar con la punta de los dedos de su pie
derecho. De improviso se asustó, al darse cuenta que la punta de su pie había
desaparecido. -Mar ¿qué me hiciste?, preguntó, llorando, el muñeco. Se quedó
largo tiempo pensativo, y, por fin, decidió deslizarse suavemente en el mar. A
medida que entraba en el agua, se iba deshaciendo, diluyéndose… poco a poco…
Cuando una ola lo absorbió por entero, se fundió con el mar y, en ese instante,
supo qué era el mar.
Reflexión: Las cosas no se conocen hasta que no se
prueban. Contigo pasa lo mismo Señor: mientras no nos decidimos a abandonarnos
del todo en ti, no sabemos quién eres, cómo eres. Ayúdanos a perderte el miedo
y a fundirnos contigo, para saborearte.
JUEVES: APRENDE A PERDONAR.
¡Buenos días! Toda persona sabe que no siempre es el padre o la madre que debe ser, el esposo o la esposa, el hermano o la hermana, el amigo o la amiga que debe ser. Todos estamos ‘en déficit’ en la vida. Y todos necesitamos misericordia. Recuerda que necesitas perdonar, necesitas perdón, necesitas paciencia. Y recuerda que Dios siempre te precede y te perdona primero. Recuerda que la más honda experiencia humana es la experiencia del amor y por lo tanto del perdón. La supera a todas porque es más decisiva, más auténtica y más profunda. ¿De qué nos sirve conocernos a nosotros mismos, si lo usamos para avivar el odio que tenemos y el sentimiento de culpabilidad, que nos dicen que, a pesar de todos nuestros esfuerzos, jamás seremos capaces de ser, de hacer, ni de servir lo suficiente para ser dignos de nuestro amor propio?
Reflexión: Recuerda, el perdón es una decisión, una
actitud, un proceso, un camino y una forma de vida. Nunca dejes pasar la oportunidad de
reconciliarte con las personas, contigo mismo y con Dios.
VIERNES: APRENDE A LEER LA TRISTEZA
¡Buenos días! En
nuestro tiempo, la tristeza se considera sólo un mal que hay que evitar a toda
costa, y en cambio puede ser una indispensable señal de alarma, que invita a
explorar paisajes ricos y fértiles que hay en nuestra vida. A veces la tristeza
funciona como un semáforo, nos dice: está en rojo, ¡para! En algunos casos
sería mucho más grave no tener este sentimiento. Pero nunca te quedes ahí,
cuando esta aparezca, no te detengas mucho tiempo en ella y sigue adelante, sueña
en cosas grandes. El Señor no quiere que estrechemos nuestros horizontes y nos
quedemos en la pena, no nos quiere estacionados al margen de la vida, sino
corriendo hacia metas altas, con alegría y audacia. No estamos hechos para el
dolor y la tristeza, estamos hechos para cumplir los sueños de Dios en este
mundo, ¡todos tenemos un sueño que cumplir y Dios cuenta con nosotros! Él nos
hizo capaces de soñar y de abrazar la belleza y la alegría de la vida, así que
no te detengas, aprende a leer en la tristeza un paso más para llegar a cumplir
nuestras metas.




