3ª SEMANA DE ENERO
LUNES: LA RATONERA
¡Buenos días! Te cuento esta historia que me ha hecho pensar
bastante.
Con gran
preocupación vio el ratón que el dueño de la hacienda había comprado una
ratonera: ¡había decidido matarlo! Comenzó a alertar a todos los otros
animales:
¡Cuidado con la
ratonera! ¡Cuidado con la ratonera!
La gallina, al oír
los gritos, le dijo que se callara:
Mi querido ratón,
sé que para ti eso es un problema, pero a mí no me puede afectar en absoluto.
Así que no armes tanto escándalo.
El ratón fue a
hablar con el cerdo, que, al ser despertado, se sintió molesto.
¡Hay una ratonera
en la casa!
Entiendo tu
preocupación, y me solidarizo contigo –respondió el cerdo- . Por lo tanto, te
prometo que te tendré presente en mis oraciones esta noche; más no puedo hacer
por ti.
Más solitario que
nunca, el ratón fue a pedir ayuda a la vaca.
Mi querido ratón,
¿qué tengo que ver yo con eso? ¿Has visto alguna vez que una rata haya muerto
en una ratonera?
Al ver que no
conseguía la solidaridad de nadie, el ratón se escondió en su agujero y pasó la
noche con miedo de que le sucediese una tragedia. En la madrugada, se oyó un
barullo: ¡la ratonera acababa de atrapar algo!
La mujer del
hacendado bajó a ver si había muerto el ratón. Como estaba oscuro, no vio que
lo que había caído en la trampa era una serpiente venenosa. Cuando se acercó,
la serpiente le mordió. Su marido la llevó al hospital y allí recibió
tratamiento y después volvió a casa.
Sin embargo,
seguía con fiebre, así que el granjero mató a la gallina para hacerle a su
mujer un buen caldo. La mujer empezó a recuperarse y el resto de sus vecinos se
alegró mucho. Para agradecerles su
preocupación, el
granjero mató el cerdo para ofrecer una comida a sus vecinos. Finalmente, la
mujer terminó de recuperarse, pero los costes habían sido muchos y el hacendado
llevó la vaca al matadero para poder pagar la deuda.
Reflexión: No somos islas, estamos en comunicación. ¿No habría sido mejor si la gallina, el cerdo y la vaca hubiesen comprendido que el problema de uno pone a todos en peligro?
MARTES:
LA BRASA SOLITARIA
¡Buenos días! Seguramente
muchos de vosotros, al recibir las notas de la primera evaluación, habréis
hecho promesas a vuestros padres de que vais a mejorar en el futuro.
Tal vez, si pedís
ayuda a vuestros profesores y también a los compañeros o compañeras que van un
poco mejor que vosotros, consigáis mejores resultados.
Muchas veces
habéis oído que formamos un grupo, una familia, ¿no? ¡Pues que se note!
Juan iba siempre a
misa a la Parroquia. Pero como comenzó a parecerle que el cura decía siempre lo
mismo, dejó de frecuentar la iglesia.
Dos meses más
tarde, en una fría noche de invierno, el cura fue a visitarlo.
“Debe de haber
venido para intentar convencerme de que vuelva”, pensó Juan. Se le ocurrió que
no podía decirle el verdadero motivo: lo pesado que eran sus sermones. Tenía
que encontrar una disculpa.
Frente a la
chimenea, se puso a hablar del tiempo. El cura no decía nada. Tras intentar
mantener la
conversación, Juan
se calló también. Los dos quedaron en silencio, contemplando el fuego durante
casi media hora. En ese momento, se levantó el cura y con la ayuda de una rama
que no había llegado a arder, apartó una brasa y la colocó lejos del fuego. La
brasa, al no tener suficiente calor para seguir ardiendo, empezó a apagarse.
Juan, con rapidez, la tiró de nuevo al centro del hogar.
Buenas noches
–dijo el cura, levantándose para marcharse.
Buenas noches y
muchas gracias –respondió Juan-. La brasa lejos del fuego, por muy brillante
que sea, acaba apagándose. El hombre lejos de sus semejantes, por muy
inteligente que sea, no conseguirá conservar su calor y su llama. El domingo
que viene volveré a la iglesia.
Reflexión: procuremos no alejarnos nunca de aquellos que nos mantienen encendidos junto a Dios (catequistas, amigos, sacerdotes, profesores…) todos ellos nos ayudan a brillar más y a ser mejores personas.
MIÉRCOLES: HISTORIA DE UN LÁPIZ
¡Buenos días! El niño miraba al abuelo escribir una carta.
En un momento dado le preguntó:
¿Estás escribiendo
una historia que nos pasó a los dos? ¿Es, quizá, una historia sobre mí?
El abuelo dejó de
escribir, sonrió y dijo al nieto:
Estoy escribiendo
sobre ti, es cierto, sin embargo, más importante que las palabras es el lápiz
que estoy
usando. Me
gustaría que tú fueses como él cuando crezcas.
El niño miró el
lápiz intrigado, y no vio nada especial.
¡Pero si es igual
que todos los lápices que he visto en mi vida!
Todo depende del
modo en que mires las cosas. Hay en él cinco cualidades que, si consigues
mantenerlas, harán de ti una persona por siempre en paz con el mundo.
Primera cualidad:
puedes hacer grandes cosas, pero no olvides nunca que existe una mano que guía
tus pasos. A esta mano nosotros la llamamos Dios, y Él siempre te conducirá en
dirección a su voluntad.
Segunda: de vez en
cuando necesito dejar de escribir y usar el sacapuntas. Eso hace que el lápiz
sufra un poco, pero al final está más afilado. Por lo tanto, has de ser capaz
de soportar algunos dolores, porque te harán mejor persona.
Tercera: el lápiz
siempre permite que usemos una goma para borrar aquello que está mal. Entiende
que
corregir algo que
hemos hecho no es necesariamente algo malo, sino algo importante para
mantenernos en el camino de la justicia.
Cuarta: lo que
realmente importa en el lápiz no es la madera ni su forma exterior, sino el
grafito que hay dentro. Por lo tanto, cuida siempre de lo que sucede en tu
interior.
Finalmente, la
quinta cualidad del lápiz: siempre deja una marca. De la misma manera, has de
saber que todo lo que hagas en la vida dejará trazos, e intenta ser consciente
de cada acción.
Reflexión: ¿Estamos dispuestos a escribir con estas cinco cualidades? Espero que sí. Toma buena nota y pon en práctica cada una de ellas.
JUEVES: VISITA A LA CATEDRAL
¡Buenos días! Me han invitado a visitar la Catedral de
Vitoria. Una joven guía comienza a contarme la historia.
“Al principio era
la muralla. Luego se aprovechó una de las paredes para construir una capilla.
Pasaron
decenas de años y
la capilla se convirtió en una iglesia. Un siglo más tarde, la iglesia se
convirtió en una catedral gótica. La catedral conoció momentos de gloria, pero
empezó a tener problemas y fue abandonada. Pasó por reformas que deformaron su
estructura, pero cada generación pensaba que había resuelto el problema. Y así,
en los siglos que siguieron, levantaban aquí una pared, demolían una viga allá,
abrían y cerraban vidrieras... La catedral lo aguantaba todo”.
Luego comenzamos a
caminar por dentro del esqueleto de la catedral: está vacía, desnuda. No tiene
ni suelo, ni techo, solo vigas que se sostienen casi en el aire. Esta vez los
arquitectos aseguran que encontrarán la mejor solución, y que por eso la
quieren poner “desnuda”. Hay andamios por todos los sitios, grandes teorías sobre
los pasos futuros y críticas a lo que se hizo en el pasado.
Y de repente, en
medio de la nave de la catedral, me doy cuenta de algo muy importante: la
catedral desnuda soy yo mismo y cada uno de nosotros. Todos, vamos creciendo,
cambiando de forma, nos damos cuenta de puntos débiles que hay que corregir, no
siempre escogemos la mejor solución, pero, pese a todo, seguimos de frente,
intentando mantenernos erguidos, para así honrar no las paredes, ni las puertas,
ni las ventanas, sino el espacio vacío que hay allí dentro, el espacio donde
adoramos y veneramos aquello que nos es querido e importante.
Reflexión: Es necesario renovarnos, quitar aquí y allá... limpiar un poco el polvo de la costumbre que hay dentro de nosotros para que Jesús que nació en esta Navidad tan cercana, pero quizás también tan lejana, se sienta a gusto en nosotros, en nuestro vacío, en el lugar donde le adoraremos durante todo el año. Amigos: animaos a construiros con solidez.
VIERNES: ¿LLOVERÁ
O NO LLOVERÁ?
¡Buenos días! Hay
quien dice que la fe mueve montañas, pero tal vez, nos podemos preguntar si
tenemos suficiente fe para hacerlo. Con esta historia verás que no todos la
tenemos…
Tras cuatro años
de sequía en una aldea del suroeste, el párroco reunió a todos los vecinos a
una
peregrinación a la
montaña. Allí elevarían una plegaria colectiva para pedir que lloviera. En el
grupo, el cura se fijó en un niño que llevaba puesto un impermeable.
¿Es que estás
loco? –le preguntó-. Hace cinco años que no llueve en esta región. ¡La subida
te va a matar de calor!
Estoy resfriado,
padre. Si vamos a pedir lluvia a Dios, ¿se ha imaginado ya el camino de vuelta?
Va a caer un chaparrón tal, que más vale estar preparado.
En ese momento, se
oyó un gran estruendo y comenzaron a caer las primeras gotas.
Bastó la fe de un
niño para realizar un milagro en el que no creían ni siquiera aquellos que
estaban más
preparados.
Reflexión: Pon fe en todo aquello que hagas durante
el día de hoy. Si tú no crees firmemente en ello, todo será en balde.

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