1ª SEMANA DE JUNIO
LUNES:
FORTALEZA
¡Buenos días! Las
hormigas, pequeños insectos frágiles e insignificantes, nos sorprenden con su
poderosa fuerza cuando a veces llevan a sus espaldas pesos más grandes en
volumen que ellas mismas.
La fortaleza a
veces no la manifestamos exteriormente, pero la vivimos por dentro de tal forma
que cuando es necesario hacer uso de ella sale sin forzarla.
La fortaleza
no depende de las circunstancias, ni depende de lo que nos rodea… la fortaleza
vive de dentro de nosotros mismos y es la que acompaña cada momento de nuestra
vida protegiéndonos de aquello que a veces nos amenaza.
La profundidad
de la vida, la fe y la interioridad constituyen el mejor refugio para nuestra
fortaleza, ya que en ese ámbito íntimo nuestra fuerza crece, madura y se
multiplica.
Dios nos
otorga una fuerza desconocida para nosotros mismos, y de forma especial, en los
desafíos que enfrentamos a lo largo de nuestra existencia.
MARTES: LA TRISTEZA Y LA ALEGRÍA
¡Buenos días! La tristeza llega sin pedir
permiso. A veces se instala sin ruido, otras veces irrumpe como un torrente. Nos
detiene, nos pesa, nos oscurece los días. Y, sin embargo, es parte de la vida.
No para que nos quedemos en ella, sino para que aprendamos a atravesarla.
La tristeza nos invita a mirar dentro, a
detenernos, a escuchar lo que normalmente el ruido silencia.
Pero no estamos hechos para quedarnos en
la sombra. Dentro de cada uno existe una chispa, a veces tenue, pero viva, que
nos llama a levantarnos. Las personas amigas son faros cuando el mar se vuelve
oscuro. No vienen a resolvernos la vida, sino a recordarnos que no estamos
solos, que aún somos valiosos, incluso en medio del dolor.
La alegría vuelve cuando aprendemos a
abrazar lo que somos, sin exigencias ni disfraces. Cuando decidimos mirar con
esperanza, cuando elegimos ser generosos con nosotros mismos, cuando entendemos
que cuidarnos también es un acto de amor. Y en ese proceso, algo hermoso
ocurre: cuando comenzamos a salir, también podemos ayudar a otros a levantarse.
Porque la vida no se trata solo de buscar
nuestra alegría, sino de multiplicarla.
La generosidad, la reflexión compartida,
el amor en acción… son caminos de luz que sanan. Así que si llega la tristeza,
intenta sacudírtela y dejarte abrazar por la alegría que viene de darnos a los
demás y dejarnos también amar por ellos.

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